Creamos contenidos, buscamos posicionarlos, analizamos estadísticas, hacemos ruido en las herramientas sociales y luego se inyecta adsense. Un ejército de webmasters, bloggers, de startups, todos como parte del engranaje que mueve a Google. Llevamos con orgullo el cartelito de emprendedores, de gente que hace webs, promotores de tecnología, visionarios de la Interné. La larga cola es nuestro pan de cada día y ya ni siquiera Google diferencia mucho la publicidad del contenido.
Y en efecto, es un negocio para muchos, un negocio cada vez más competitivo y por lo mismo, un negocio que no es para todos. El mercado se va saturando y aunque el índice de usuarios hispanos dividido sobre los contenidos en nuestro idioma aún muestra un espacio, al compararlo con otros idiomas tenemos que entender que muchos de nuestros usuarios, principalmente los que están en Latinoamérica consumen en inglés. Los hispanos consumimos, más no hemos producido tanto. Mercados como el francés, el alemán, el italiano y algunos otros lo han movido más eficientemente.
De SEO abundan las guías, tutoriales y hasta plugins dependiendo el color de tu plataforma. Nos hablan de las palabras claves, de escribir algunas veces no siempre pensando en el lector, sino en poner esas palabras por aquí, por allá y también en el medio.
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